La siderurgia es una industria recicladora por definición. El acero se ha reciclado siempre, en proporciones crecientes, y no por exigencias legales de carácter medioambiental, sino por exigencias industriales:
para hacer acero, lo primero que hace falta es acero.
Por esta razón, e l acero se recicla una y otra vez, sin que su calidad se deteriore nunca, y en un ciclo cerrado en el que todos los productos de acero se pueden reciclar para nuevas aplicaciones en acero. Gracias a sus propiedades magnéticas, el acero es el material más adecuado y el de mejor relación coste/eficiencia en la recuperación para el reciclado.
Por tanto, muy poco acero llega a los vertederos debido al valor económico positivo de la chatarra y a su amplia utilización en la industria siderúrgica. Más tarde o más temprano, prácticamente todas las chatarras vuelven a las acerías. El ciclo del reciclado del acero y la facilidad con que las chatarras son recuperadas gracias al magnetismo natural constituyen una baza medioambiental muy clara para el acero.
Más del 50% de la producción mundial de acero se obtiene a partir de chatarra (el 77% en España). En consecuencia, la chatarra férrica es indispensable para el proceso metalúrgico y por ello el mercado de las chatarras de acero es prácticamente ilimitado. Su utilización para producir acero reduce la cantidad de materias primas requeridas y ahorra un 65% de energía, contribuyendo a la prevención por reducción en origen.
En las acerías integrales, la colada necesita entre el 20 y el 30% de chatarra, mientras que el caso de las acerías eléctricas es aún más espectacular: la chatarra es sencillamente la materia prima básica. Es decir, se utiliza hasta un 100% de chatarra férrica para fabricar acero nuevo. Estos hornos consumen en torno al 89% de la chatarra empleada en España.