| En cada uno de los aspectos de nuestra vida cotidiana, los plásticos juegan un papel crucial incorporando avances tecnológicos, mejorando la calidad de vida y asegurando un aprovechamiento eficaz de los recursos naturales.
Gracias a las continuas innovaciones en los materiales y en los procesos de ingeniería, la amplia familia de plásticos que tenemos disponibles hoy en día permiten un ahorro de recursos durante su fabricación y su uso.
En Europa, el sector del automóvil emplea 1,7 millones de toneladas de plásticos al año, lo cual requiere el equivalente de 3,25 millones de toneladas de petróleo para su fabricación. Sin embargo, gracias a la ligereza de los plásticos empleados en los componentes del automóvil, se ahorra 12 millones de toneladas equivalentes de petróleo cada año al hacer más eficaz el uso del combustible. Este ahorro deriva, también, en la consiguiente reducción de las emisiones CO 2 en una cuantía de 30 millones de toneladas al año.
Al final de la vida de los plásticos, la energía aprovechable se sitúa en 1,9 millones de toneladas equivalentes de petróleo que puede ser recuperada como fuente de electricidad o calefacción .
La reducción en el peso de los plásticos es particularmente útil en el sector del envasado. En los últimos diez años se producido una disminución del 28% en el peso promedio de los plásticos usados en los artículos envasados, lo que representa un ahorro en el transporte y reducción de las emisiones.
Los plásticos permiten un ahorro de agua (grandes conducciones para abastecimiento de población y sistemas de riego por goteo) y evitan las pérdidas de alimentos en la distribución de comida a grandes distancias.
Los plásticos pueden ahorrar recursos a través de su reutilización: cajas para botellas, bolsas de plástico del supermercado, envases de detergentes, etc...
En la edificación, el equivalente energético que se utiliza para fabricar aislamientos de espumas de plástico (EPS o PUR) se recupera tras un año de uso, ya que permiten una retención del calor, al tiempo que se reduce el CO 2 en una proporción de dos a cinco veces por encima de la emisión CO 2 resultante del proceso de fabricación.
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